Jesús Díaz-Hellín. Diseñador de moda, bordador, y vestidor de imágenes



De diseñador de moda a bordador. Este valenciano de 39 años, asentado desde joven en tierras manchegas, ha unido su pasión profesional, el diseño, con su fe y convicciones religiosas. A los 18 años se trasladó con su familia a Alcázar de San Juan para, seguidamente, emprender sus estudios de Diseño y Moda en Madrid. Trabajó como profesor de Diseño y en una empresa. Fue después, cuando amigos de hermandad le pedían pequeños encargos, cuando se dio cuenta de que realmente le gustaba el oficio. Empezó a investigar y decidió montar un taller de bordados que ya cumple 15 años, del que han salido numerosas obras de arte para toda España.
“La estética ha cambiado mucho pero las técnicas son las mismas que hace un siglo”
Pregunta.- ¿Qué labor desempeña un bordador y vestidor de imágenes religiosas?

Respuesta.- En primer lugar, si tuviera que definir mi oficio, soy más bordador, lo que sucede es que también me gusta mucho vestir imágenes, lo disfruto y, aparte, ayudo a las hermandades a que su imagen esté lo mejor presentada posible para todos los hermanos y para la gente que va a verla. También es verdad que no me gusta anteponer el hecho de vestir una imagen al de bordador; si tengo que terminar un bordado prefiero hacerlo yo y que vista otra persona la imagen. Lo de vestidor suelo hacerlo para hermandades con las que trabajo pero no tiene tanta importancia ahora mismo como el taller.
P.- ¿Por qué decidió ser bordador, un oficio quizá poco conocido en general aunque de gran importancia para la Semana Santa?

R.- Cuando eres diseñador de moda, siempre te gusta algo nuevo, la creatividad, la innovación. A lo mejor este oficio es un poco más libre, más creativo y yo, que soy creyente y cofrade, me atraía mucho hacer cosas de bordados de mantos, de diseños. Poco a poco fui entrando por ahí hasta que llegaron encargos de hermandades, empecé con la mía hasta que se fue extendiendo de unas a otras.
P.- ¿Cuál es el proceso habitual desde que una cofradía se pone en contacto con el taller?

R.- Cuando la cofradía se pone en contacto con el taller, por teléfono o personalmente, nos dan una idea del diseño y el presupuesto que van a destinar, ya que éste es muy importante. En función de ambas cosas, el taller prepara varios diseños sobre los que deciden y, sobre eso, se empieza a trabajar. Por ejemplo, para el manto de una Virgen se toman medidas o bien directamente traen un patrón y sobre eso se hace el diseño a tamaño real.
P.- Entonces, ¿usted debe adaptarse a un presupuesto que ya viene cerrado?

R.- Sí. Son trabajos muy elevados de precio por el tipo de material que se utiliza y el trabajo bordado a mano, aunque no tan altos si se mira la relación calidad-tiempo de una obra. Normalmente, las hermandades disponen de equis dinero y no puedes pasar de ahí. Por ejemplo, si una hermandad tiene 4.000 euros para una saya, pues hay que basarse en ese precio, otras veces te preguntan costes y ellos deciden, se lo van ajustando ellos mismos en función del presupuesto de la hermandad, que depende de la cuota de hermanos, de alguna lotería o rifa. Sobre eso se trabaja.
P.- Ha hablado del presupuesto pero también del tiempo, ¿cuánto tiempo puede llevar bordar el manto de una Virgen?

R.- Depende del diseño que tenga, si va bordado a mano en hilo de oro o en aplicación, varía mucho. Con un manto de procesión completamente bordado se puede estar perfectamente un par de años o tres. E insisto en que son precios muy elevados que las hermandades de la zona no pueden permitírselo en solo un año, aparte de que para un taller también es imposible. Y se añade el hecho de que los ingresos de cada hermandad no es solo para esto, sino que para salir a la calle tienen que pagar la música, las flores, velas… Hay hermandades que sólo tienen para la procesión y no pueden invertir en bordados.
P.- ¿Se ha notado entonces estos años de crisis?

R.- Sinceramente en el taller no lo he notado. En 2015 tuvimos muchísimo trabajo, y ahora tenemos encargos firmados hasta 2018. No obstante, es cierto que la misma hermandad que antes compraba bordados en hilo de oro ahora encarga aplicaciones que son más económicas. Las aplicaciones son piezas que hacemos con tisús de oro, son como montajes de telas que quedan muy vistosos pero no es el bordado a mano. Es lo que se ha hecho por el temor de las hermandades de meterse en gastos importantes.
P.- ¿De qué lugares recibe los encargos?

R.- De muchos sitios de España. Ahora mismo hemos terminado un manto para Ferrol, también trabajamos para León, Madrid, Ciudad Real capital y municipios de alrededor, Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, Toledo, en Málaga, en muchos sitios…
P.- ¿Cómo afronta la labor de vestir una imagen, lo realiza con ayuda de las camareras o priostes?

R.- Normalmente están las camareras o priostes que se fían de nosotros cuando vamos a cambiar una imagen. Ahora en Cuaresma hay que vestir una virgen de hebrea, ellos preparan la toca de hebrea, llego y la visto. Depende un poco de la hermandad, cada una tiene una forma de trabajar, algunas son un poco más estrictas y el prioste dice lo que hay que ponerle y, en otros casos, me dejan hacer.
P.- ¿Han cambiado los estilos y las modas en la vestimenta de imágenes de misterio y dolorosas?

R.- Sí. Hay que tener en cuenta que la zona de Ciudad Real está muy versada en la zona de Andalucía y en los bordados nos fijamos en Sevilla, Córdoba o Málaga, porque realmente es lo que gusta por aquí. Si cualquiera se fija en las fotografías de Semana Santa de los años 50 para acá, la estética ha cambiado mucho, sobre todo en Castilla-La Mancha. Antes, era una estética muy castellana, muy sobria, muy seria, con los rostrillos muy cerrados, dejando ver solo el trozo de cara de la virgen y ahora, sin embargo, son tocados mucho más andaluces, más encajes, ha variado mucho incluso en la forma de colocarlo. Incluso evoluciona de un año para otro.
P.- ¿En su opinión entonces pierde las raíces aquella cofradía que en su origen era más sobria?

R.- Sí. Las hermandades de fundación prácticamente nueva, de 25 a 50 años para acá, no tienen una base, simplemente se van adaptando, pero hay hermandades mucho más antiguas, con una estética muy castellana, y algunas se han amoldado a la actualidad porque los propios devotos piden que se vayan modernizando porque lo que gusta es la forma de vestir de Andalucía, los pasos, las andas. Hay imágenes que se visten como antiguamente y se ve que la hermandad no evoluciona, no crece en número. Es un poco lo que te piden los hermanos y la gente que buscan un tipo de vestuario y de paso mucho más vistoso y lujoso.
P.- ¿También realiza restauraciones de bordados?

R.- Sí. Hay hermandades que tienen bordados antiguos con telas muy pasadas o los propios bordados están deteriorados. Se pasa el bordado a otra tela nueva y se restaura, si falta hilo se le cambia por otro nuevo pero siempre utilizando la misma base y material. Es un trabajo muy laborioso, quitar hilos de un sitio, el montaje del dibujo debe ser el mismo, el diseño, y la misma técnica…
P.- ¿En qué maestros se fijó a la hora de hacer sus diseños y bordados y qué le dice a los aprendices de su taller?

R.- Los grandes de siempre, en los andaluces, en Rodríguez Ojeda, en las hermanas Antúnez, Elena Caro; esos son los mejores que ha habido en este tipo de bordados. Siempre miro al detalle cómo han hecho la pieza, de arriba a abajo, cada tipo de hilo utilizado, la forma, el dibujo, cada puntada… todo. En el taller estamos 5 personas y les digo que se fijen un poco en mí, en el bordado y en las técnicas, que vean muchas piezas, diseños, es estudiar un poco también.
P.- ¿En este oficio no está todo inventado?

R.- Bueno no crea. Hay algunos diseños que pueden ser un poco más modernos que otros, pero básicamente es como la moda que todo vuelve a empezar. Los bordadores de ahora pueden elegir un diseño más o menos moderno pero las técnicas son las mismas que se utilizaban hace cien, doscientos años, en eso no ha variado. Hay un número de hermandades que tienen un patrimonio enorme y son las primeras en ese tipo de bordados, en las que se fija la gente y en las que te basas en los diseños andaluces que son los que más gustan en Castilla-La Mancha. Pero el mismo estilo de bordado, el mismo hilo, la misma técnica, el mismo relleno de bordado que se usaba hace 100 años se hace ahora. Tenemos una máquina para coser las costuras, de ahí no pasa, aquí va todo a mano, desde el diseño hasta la terminación.
P.- Han definido su labor de arte efímero…

R.- Me considero creador y, de vez en cuando hago alguna obra de arte (sonríe) pero es cierto que es efímero. A la hora de vestir una imagen, la vas a volver a cambiar en un mes y eso se recordará en una fotografía, pero el tiempo y el trabajo invertidos se pierden cuando se quita, al igual que los bordados se pueden restaurar pero siempre tienen un tiempo.
P.- ¿Existe alguna ceremonia a la hora de vestir una imagen?

R.- Ceremonia como tal no. Siempre rezo algún padrenuestro y avemaría. Y luego estamos Él y yo o Ella y yo. Cuando vistes una Virgen, la estás mirando y le dices: esto te queda bien, esto no; cuando llevas tiempo vistiendo a una imagen hay cariño y cercanía como si estuvieras vistiendo a una madre o a una hermana. No la ves como una imagen de madera, sino que ves algo más. Pero ante todo, hay respeto por la imagen y por lo que representa, no solo para mí sino para los hermanos de la cofradía y para la gente.
P.- ¿Qué imagen le gustaría vestir?

R.- He vestido a muchas imágenes, actualmente visto a 16 o 17 para Semana Santa o para algún acto religioso. Soy muy devoto de la Macarena de Sevilla y, no solo yo, sino cualquier vestidor se moriría por poderla vestir.


Texto y foto: Oliva Carretero

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