Cofradías y Aniversarios.


Este año la Cofradía del Stmo Cristo del Sepulcro de Daimiel celebra el 75 de aniversario de la llegada Cristo a San Pedro. Años atrás la Cofradía de Jesús Nazareno en el 1998 celebró el 400 aniversario de la Fundación, o el 60 Aniversario de la Virgen de la Amaragura celebrado en el 2011 por poner algunos ejemplos de salidas extraordinarias con motivo de la celebración de algún aniversario.


Estos aniversarios suponen una gran responsabilidad para mantener y mejorar la herencia y patrimonio recibidos de la fe, iniciativa y esfuerzo de nuestros mayores y antepasados. En unos momentos en los que por todas partes se oye eso de "poner en valor" todo tipo de aspectos, pienso que la mejora de nuestras cofradías y celebraciones debería apoyarse en los valores y señas de identidad que a lo largo de tantos años y generaciones se han ido fraguando en nuestra Semana Santa. 

Dicen algunos que "todo lo que se hiciera para mejorarla, se apoyara en la tradición daimieleña". No se trata de no importar nada de fuera, pero sí de mantener una línea de actuación coherente, consolidada a lo largo de muchos años, adaptando a nuestro estilo todo aquello que sea bueno incorporar.

Desde una óptica general, es evidente que siempre han existido aspectos de carácter litúrgico, artístico o técnico, que se han extendido por todas partes y son comunes en las procesiones. Pero tampoco puede discutirse, por su obviedad, que los aspectos diferenciales de las distintas zonas, culturales, sociales y hasta climatológicos (que en muchos casos imponen las diferencias culturales y sociales), han ido configurando la manera de hacer y el carácter de sus gentes y por ende, de sus celebraciones.

La sobriedad castellana ha influido en el silencio y austeridad de sus procesiones (en algunos lugares con rasgos, incluso, ascéticos. Sin desmerecer la fe, el entusiasmo y la devoción de los cofrades (que los considero idénticos en todas los sitios), este modo de ser tiene poco que ver con el carácter más festivo de las celebraciones andaluzas, con mayor suntuosidad, luz y alegría, marcado por sus primaveras y la cultura de la gente. Ni tampoco, por poner otro ejemplo, con el orden, disciplina y uniformidad que en las bellas procesiones de Cartagena viene influido por la presencia institucional de la Marina.

Si esto ocurre en lo que se refiere a la naturaleza de las procesiones, otro tanto podríamos decir de los aspectos artístico y artesanal que constituyen su patrimonio y que, como es natural, vienen también marcados por aquellos rasgos. En lo relativo a la imaginería, nadie niega que para una Semana Santa supone un gran enriquecimiento contar con tallas de maestros de reconocido prestigio, aun cuando no sean del ámbito local o regional. Aquí tenemos muestras significativas, como pueden ser las tallas de Castillo Lastrucci, Hermanos Rivas, Luis Alvarez Duarte o mas recientes como Darío Fernández Parra.

Y como en la imaginería, cabría decir del resto de expresiones artísticas: orfebrería, bordados, pintura, rejería y, muy especialmente, la talla de la madera. En ésta, y particularmente en los pasos, es donde, en mi opinión, más debiéramos cuidar la incorporación de otras costumbres o modos de hacer.

Algunos consideran que una "carroza" de estilo castellano, sobria y elegante (y buenos ejemplos tenemos), realza más la visión de las imágenes que otras más lujosas y suntuosas, en las que aquéllas no destacan tanto. Aparte de esto, si alguien piensa (y es muy libre de hacerlo) que la forma de ser no tiene que ver en este asunto, me gustaría hacer una reflexión. Las cofradías andaluzas, y especialmente las sevillanas, tienen un número de cofrades que multiplica por mucho el de las nuestras. Lamentablemente, nos guste o no, esto guarda mucha relación con la idiosincrasia de unos y otros.
Una seña de identidad muy de nuestro pueblo, que en lo que atañe a la Semana Santa puede marcar nuestras procesiones, es la realidad del número de fieles que arriman el hombro como cofrades (pasa en otras actividades). El que allí puedan tener espectaculares tronos portados por un buen número de personas, es algo que se pueden permitir. Trasladar esto a nuestras procesiones, donde los pasos siempre se han llevado por un número no excesivo de cofrades (y se ha avanzado mucho eliminando las ruedas de muchos), podría traer dificultades en época de vacas más flacas (no podemos decir que las actuales sean gordas), al no tener suficientes cofrades para alzar en algunas cofradias.

Aunque hoy día la globalización propiciada por la tecnología y los medios de comunicación reduce mucho las diferencias apuntadas, pienso que no deberíamos perder de vista nuestra historia, forjada por nuestra cultura, a la hora de decidir aquellos aspectos que configuren y condicionen las procesiones. 

Siempre se ha dicho que "hay una cosa para cada lugar y un lugar para cada cosa". Cada cual que opine, ¡con respeto!.

SMCE
(Fotos Rebeca Madrid)

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