Francisco Robles en su libro Tontos de Capirote disecciona la fauna cofradiera, clasificando al personal según la actitud, o su afición particular. Todos somos tenemos algo de aquellos tontos aunque últimamente con esto del boom cibernético hay algunos que hacen más ruido que otros. Uno de los especímenes que más se hace notar de un tiempo a esta parte es el cofrade protestón. Todo le molesta, todo le incomoda, todo se ha salido de madre, no hay nada que le satisfaga. En su imaginación habitan unas cofradías idealizadas, y unos cofrades ideales que simplemente nunca existieron. Convive con el cofrade criticón , e incluso en ocasiones puede que los confundamos. Ambos, protestón y criticón, tienden a autodefinirse como rancios- de ayer por la mañana, claro- y autoproclamarse guardianes de las esencias-con olor a naftalina-. El primero suele tener criterios que solo comparten unos cuantos de su especie, pero el protestón no tiene ni eso. Si un año el paso lleva solo claveles ...