Providencia y cofradías


¿Acaso no ha llamado el Papa Francisco a revisar todas las estructuras huecas que no sirvan a la Iglesia misionera?


A nadie se le debería escapar el detalle de la fecha en que el ordinario de la diócesis ha rubricado las normas sobre hermandades y cofradías: solemnidad de San Pedro y San Pablo, acaso una de las jornadas más eclesiales que existen en el calendario litúrgico con memoria de la fundación de la Iglesia en el Evangelio de la jornada. Que además haya coincidido con la víspera del proceso electoral del que tiene que salir elegido el nuevo presidente del Consejo de Cofradías sólo cabe achacarlo a la Providencia, cuyos designios resultan inescrutables… incluso para los obispos.

Porque en la idea motriz de Asenjo en su difícil, y por momentos ariscona, aproximación al mundo cofradiero ha sido constante el reproche de falta de eclesialidad que advertía en muchos comportamientos, muchas actitudes e incluso muchos integrantes de juntas de gobierno. Amigo ya les apretó a las hermandades con la propiedad eclesiástica sobre los bienes y ahora les va a tocar aflojar la cartera para contribuir de manera reglada al fondo diocesano salvando la discrecionalidad en que se mantenía hasta ahora. La clave de arco radica en la auditoría obligatoria a través de las cuales el Arzobispado tendrá un retrato fidedigno de las arcas de las hermandades. Y podrá exigirles en consecuencia.

Es lo lógico. En muchos casos, las hermandades se mantienen en coordenadas preconciliares para contribuir al sostenimiento de la Iglesia de la que forman parte -salvo que de repente la proliferación de «cofradías civiles» al margen de la jerarquía deje de ser una extravagancia- basando sus aportaciones en el estipendio por el culto en vez de avanzar en la comunicación de bienes que debe presidir la vida cristiana. Claro que para ello hay que vencer no pocas rutinas tenidas por tradicionales y no pocas resistencias adheridas a lo laro de los tiempos. Pero, ¿acaso no ha llamado el Papa Francisco a revisar todas las estructuras huecas que no sirvan a la Iglesia misionera a la que constantemente invita a visitar las periferias? Volcadas de modo extraordinario en el culto, nuestras hermandades han avanzado notablemente en el ejercicio de la caridad, pero se han quedado muy rezagadas en cuanto a la formación catequética de sus miembros. Por no mencionar la laguna insalvable en la transmisión del kerigma.

El mundo cofradiero está necesitado de un golpe de audacia, la parresia de quien se siente invadido por el Espíritu Santo. El juego de poderes y contrapoderes en que se dilucida la elección del presidente del Consejo está muy lejos de la inspiración divina, pero todo puede suceder. La Providencia sabrá también por qué ayer, día de San Pedro y San Pablo, le tocó predicar ante la Macarena al misionero de la Misericordia venido de Brasil. Los designios de la Providencia son inescrutables.

Fuente: Pasion en Sevilla

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