Berlín expone las joyas del Siglo de Oro español



«Im Fleckenland», «En la Mancha». Así comienza la primera versión alemana de Don Quijote, una burda traducción que ha sido mejorada con el tiempo y que se atrevía a bautizar al ingenioso hidalgo como Joachim Harnisch. Una segunda edición, que data del año 1683, junto a laImmaculada Oballe y el Cristo en la Cruz con dos donantes, obras maestras del Greco, da la bienvenida a la mayor y más ambiciosa exposición dedicada al Siglo de Oro fuera de España. 135 piezas, entre pinturas, esculturas, grabados y manuscritos, procedentes de todos los rincones del mundo y reunidas por primera vez en la Gemäldegalerie de Berlín, que lleva cuatro años preparando El Siglo de Oro. La era Velázquez.
Desde los pliegues de las telas en madera policromada de Gregorio Fernández, hasta la peculiar técnica del estofado de Valdés Leal, pasando por la sensibilidad de Murillo y la fuerza visual de Zurbarán. No falta ninguno de los grandes maestros del XVII. Pero tampoco discípulos de la talla de Luis Tristán o Juan Bautista Maíno. Ni siquiera Luisa Roldán, la primera escultora española. «Porque no se puede entender a Velázquez sin conocer a Pacheco», explica una de las comisarias, María López-Fanjul y Díez del Corral, quien asegura que el mayor reto de la retrospectiva fue intentar transmitir uno de nuestros períodos más prolijos y oscuros a un pueblo que, aunque ávido por aprender, desconoce por completo el arte español y se deja llevar por prejuicios.
«Es la leyenda negra que persiste hoy», señala López-Fanjul en alusión a que muchos alemanes asocian el arte español con una iconografía exclusivamente religiosa, «porque la propaganda protestante se encargó de vender muy bien esa idea». Por eso, la exposición busca además acabar con los tópicos y demostrar que el Siglo de Oro es tan amplio y polifacético como lo era Alonso Cano, y que abarca desde el teatro, hasta la música y la literatura. Para lograrlo, ha sido necesario buscar puntos en común. «Los alemanes conocen a Cervantes y adoran el Quijote», relata la comisaria, que a partir de ahí esbozó el hilo conductor.
La muestra traza un recorrido cronológico desde principios del siglo XVII, con la grandeza del imperio de Felipe II, hasta finales, con Carlos II. Igualmente la geografía sirve de guía a través de las salas, consagradas a los centros artísticos del momento: Castilla, Valencia y Andalucía, que terminaron reducidos a Madrid y Sevilla. Los aspectos temáticos que caracterizaron este período -los retratos, las naturalezas muertas e incluso los paisajes- sirven de colofón.
Pese a la cuidada estructura, la retrospectiva tiene reservadas grandes sorpresas para el visitante. Por ejemplo, dos de los tres únicos retratos de grupo que nacieron en el Siglo de Oro, La familia del artista, de Juan Bautista, y El embajador danés Lerche y sus amigos, de José Antolínez, que se completan con las Meninas, de Velázquez, que se han quedado en el Prado. Sin duda, lo que más llamará la atención será el Paso del Camino del Calvario, cinco figuras a tamaño natural que a día de hoy siguen desfilando cada Semana Santa por las calles de Valladolid.
La muestra ha sido posible gracias a los préstamos de 64 museos, instituciones y coleccionistas privados españoles, La muestra se verá en Múnich a partir del 30 de octubre.
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