La mayoría de los cofrades apelamos a la «mesura» y al «sentido de la medida» ante la proliferación de procesiones extraordinarias e, incluso, de cultos externos. Si sumásemos las procesiones en vísperas, Semana Santa, glorias, traslados, via crucis, rosarios de la Aurora, cruces de mayo, procesiones eucarísticas y de impedidos… y hasta las «ilegales», la cifra es incontable, sin sumar las procesiones extraordinarias con motivo de alguna efeméride.
"La extraordinaria con piel de rosario"
Dicen algunos cofrades en la crónica de la salida del centenario de Mena de este fin de semana en Málaga que "por culpa de todos y de nadie, los cofrades hemos rebasado el límite de lo razonable". Reflexionaba sobre las extraordinarias y las procesiones en general. La mayoría entendemos justificado que nuestro 'santo' salga a la calle. Pero cuestionamos, preferiblemente en privado, cuando lo hace el del vecino. Mejor no airear la crítica, no sea que nos salpique. Y así vamos. No pocos entendemos razonable que el Obispado ponga orden en este asunto, pero si al final nos afectará a todos, casi mejor seguir como estamos. Rebasado, o no, el límite de lo razonable, coincidimos en que nos gustan las procesiones.
¿Conocen la fábula del lobo con piel de cordero? Aquel lobo que decidió cambiar su apariencia para así colarse en el rebaño. Y paradojas de la vida, el cabrero fue por su provisión de carne para el día siguiente, tomó al lobo creyendo que era un cordero y lo sacrificó al instante. El problema de muchos de los cultos externos es que se disfrazan de extraordinarias. Como los traslados de la Cuaresma, convertidos la mayoría en procesiones en toda regla. Sacamos pecho porque la ciudad responde. Aunque su justificación sea dudosa.
En Málaga el Rosario de las Glorias es quizá el mejor ejemplo de un acto que ha derivado a algo que nada tiene que ver con su razón de ser. ¿Todos recordamos aquel primer rosario con la Inmaculada de Capuchinos en 2004? Salió al alba de la Divina Pastora para concluir en la Catedral el piadoso rezo mariano. Luego, regreso directo a su sede canónica. Entonces todo giraba en torno al rezo público del rosario. Hoy día apenas sirve para trasladar al 'santo' de turno a la Catedral, para que al día siguiente salga en extraordinaria por el centro histórico. Pues sí, "por culpa de todos y de nadie, los cofrades hemos rebasado el límite de lo razonable".
