Si nos pasamos cualquier Domingo de Cuaresma por cualquier culto de Hermandades, ya sea en el horario destinado para ello, o en cualquier otro, veremos a una legión de cofrades cámara en ristre y trípode a la espalda. Hace varios años, el fotógrafo cofrade era un bicho raro por las pocas veces que se podía observar, ya que las cámaras réflex, que son las utilizadas profesionalmente, eran caras y solo se la podían permitir profesionales del medio o personas con gran poder adquisitivo. A eso le uníamos que antes de la existencia del mundo digital, el carrete, el llevar a revelar, el tener que mirar por el visor…era algo seguido por muchos menos aficionados de los que podemos observar a día de hoy.
Pero hemos llegado al “boom” de la fotografía cofrade. El precio de las réflex bajó considerablemente y el número de aficionados se multiplicó de manera imparable. Las Hermandades terminaron instaurando el horario fotográfico, para evitar que trípodes y flashes revolotearan la Iglesia durante todas las horas del día. Pero en ocasiones, en ese horario, se ve una auténtica ley del más fuerte… fotógrafos arremolinados delante de la Imagen, caras largas cuando algún fiel osa acercase a besar a la Imagen interrumpiendo la instantánea, pasar por delante sin mirar, desenvolverse por la Iglesia y el altar como si fuera un sitio más… en definitiva, han convertido los besamanos y besapies en un fotocool en los que el respeto, en ocasiones, brilla por su ausencia.
Desde mi humilde punto de vista, en un culto así, con hacer una foto general, una de detalle y un primer plano o perfil, es suficiente… pero ahora la moda de este “sacro fotocool” es hacer cuantas más fotos mejor, un book en toda regla. En Semana Santa, vemos también un poco de este egoísmo fotográfico cuando vemos delante de los pasos subirse a muchos en escaleritas, levantar monopies en alto, etc… buscando la mejor instantánea de la historia y molestando a las personas que están viendo el discurrir de la procesión o a otros fotógrafos que hacen fotos intentando molestar lo menos posible. Otro tema sería el uso de móviles última generación, la existencia de miles de blogs dedicados a esto, que crearían otro debate interesante, ¿más cantidad, menos calidad?.
Lejos queda ya la calidad de antiguos fotógrafos que ahora recordamos y su manera de tratar la Semana Santa u otros buenos fotógrafos contemporáneos que hay en la actualidad, aunque innovar entre tanto aficionado, es bastante complicado.
Pero las Hermandades no pueden ni deben cortar esto. ¿Por qué? Pues porque las que han provocado este boom son ellas mismas, que si venden la Imagen de su Sagrado Titular en una estampita, no sería lícito eliminar o coartar la libertad para que se fotografíe a la Imagen. Por ello, desde mi humilde opinión de fotógrafo que también le gusta hacer fotos de nuestra Cuaresma y Semana Santa, me gustaría pedirle al resto de compañeros un poco más de respeto, sería lo mejor para todos y para esta profesión tan bonita y digna como es la fotografía.
Texto: J I B