A esta hora, en pleno mes de agosto


En pleno mes de agosto, hay gente que se está dejando la piel y trabajando por la Semana Santa.

A esta hora, en pleno mes de agosto, en Sevilla un grupo de jóvenes músicos de Triana pinta sus tambores con más empeño que acierto para que luzcan como nuevos en los primeros ensayos y eventos del mes de septiembre, cuando arranque un curso de ilusiones frescas y los cofrades vuelvan a exigir lo mejor de cada músico. Lijan los tensores, preparan los parches y buscan las vueltas al instrumento para que suene aún mejor.

A esta hora, en pleno mes de agosto, en lugares de costas de nuestra Andalucía, cientos de cofrades jóvenes de las hermandades sevillanas dan lo mejor de sí como monitores en campamentos de verano. Ayudan a los pequeños en su formación, entrenan con ellos, comparten juegos, lectura, y tiempo libre.

A esta hora, en pleno mes de agosto, miles de cofrades de nuestra provincia, ocupan gran parte de su tiempo dentro de las dependencias de sus hermandades para preparar las mejores galas para la salida a las calles de sus patronas. Llevan todo el año esperando las horas del calor y la emoción. No les importa el sudor y el esfuerzo. Están trabajando, como siempre, a contrarreloj. Pero son felices.

A esta hora, en pleno mes de agosto, se están reuniendo comisiones de las bolsas de caridad de varias hermandades sevillanas. Preparan unos números de septiembre que no salen. Tampoco cuadran las cuentas para los días de agosto que aún quedan. Pero darán lo mejor de sí mismos y buscarán, a partir de la renuncia a sus vidas, las soluciones necesarias para que aquellas personas necesitadas que tienen en el corazón le puedan dar a sus hijos al menos un vaso de leche con galletas por la mañana.

A esta hora, en pleno mes de agosto, en aquel descampado del barrio, una muchacha quinceañera intenta sacar sonido de la boquilla vieja que heredó de su hermano mayor. Ella quiere tocar la corneta en la banda de su barrio y le harán la prueba de ingreso en septiembre. Apenas le sale la escala, y está dedicando las tardes, cuando se marcha el calor fuerte, a tocar el instrumento en un lugar alejado de los bloques. Suda mucho, pero no le importa.

A esta hora, en pleno mes de agosto, los priostes de varias hermandades terminan de organizar sus escapadas y turnos para que cuando el mes de septiembre se asome al calendario estén todos los cultos preparados, en orden. Un año más, no se escapará ningún detalle. Y, efectivamente, cuando llegue septiembre, todo estará preparado en la Hermandad, como por arte de magia.

A esta hora, en pleno mes de agosto, se trabaja alrededor de la Virgen de los Reyes de Sevilla. La patrona sale el día quince, temprano por la mañana. Vendrán a verla desde muchos rincones de la provincia. Pero antes se ha celebrado el Besamanos, y la novena, y se ha trabajado durante dos semanas para que disfruten los devotos de la Virgen más sevillana.

A esta hora, en pleno mes de agosto, se preparan cursos de matrimonio y familia para el mes de septiembre. Las reuniones para los temas se están produciendo estos días. Se trata de colaborar en la formación de los jóvenes que han decidido unirse en matrimonio en los próximos meses.

A esta hora, en pleno mes de agosto, se reorganizan numerosas estancias y dependencias en muchas hermandades sevillanas para que los hermanos tengan en septiembre todas sus cosas en orden. Hay que limpiar, mover, ordenar, preparar habitaciones, salones y almacenes para que el comienzo del curso se muestre más fácil en el seno de la Hermandad.

A esta hora, en pleno mes de agosto, hay niños bielorrusos en las playas, voluntarios visitando enfermos, jóvenes dando clases gratuitas de apoyo, señoras que bordan sin descanso, hermanos que limpian y sueñan. Hay capataces soñando cuadrillas y mejoras, hay costaleros esperando a septiembre para apuntarse al gimnasio, nazarenos que prometen renovar los votos y enfermos que no volverán a salir jamás con su túnica. Hay páginas de internet que informan y emisoras que apuestan por nuestras tradiciones. Hay escritores escribiendo de Semana Santa y muchas personas que reviven en la televisión ese sueño que dura una semana en cuanto a la puesta en escena pero una eternidad cuando se siente aquí dentro, en el pecho, donde laten las cosas importantes.

Estas son las personas a las que debemos respeto y admiración. Son ellas las que hacen posible que usted y yo presumamos de Semana Santa en los siete días de escaparate al mundo. No lo olvidemos. Les debemos –a su empeño, entrega y dedicación– mucho más de lo que imaginamos.

A esta hora, en pleno mes de agosto, están trabajando por la Semana Santa. Se están dejando la piel, un año más. Lo sienten, lo viven, lo necesitan, aunque muchas personas no lo entiendan, ni siquiera se lo agradezcan.

Escrito por Victor García Rayo para  El Correo

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