El valor de las imágenes devocionales.

El Patrimonio de las Hermandades y Cofradías.

        No cabe duda alguna dentro del seno cofrade en señalar a las imágenes procesionales como uno de los principales fundamentos dentro de una corporación penitencial. José Roda Peña, doctor en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla, y profundo conocedor de los entresijos cofradieros, en su estudio sobre 'Conservación, restauración e intervenciones en la escultura procesional andaluza' , editado por el Excmo. Ayuntamiento de Lucena (Córdoba), afirma que "un pilar fundamental sobre el que se sustenta la fundación de una Hermandad de Penitencia es el culto interno y externo que se rinde a la Pasión de Cristo y a la Virgen Dolorosa, a través de sus efigies escultóricas".

        Obviamente, tiene una importancia mayúscula el movimiento devocional que promueven, y por supuesto, el valor incalculable de numerosas obras que presiden altares y capillas de nuestros templos. Pero desgraciadamente, y a lo largo de la historia, muchas de éstas han caído en manos de algún restaurador o imaginero inexperto, en una labor en la que se requieren fundamentos y técnicas precisas y depuradas para la perfecta ejecución de la restauración de la obra. Un trabajo desacertado en la talla podría provocar una reacción negativa en el conjunto de los fieles que rinden culto a la imagen.

Piedad de Daimiel, obra de Castillo Lastrucci.
 El grupo escultórico fue restaurado entre septiembre de 1999 y abril de 2000,
 por la Escuela Taller de Restauración La Almudena, bajo la dirección de D. Raimundo Cruz Solís.


          En Andalucía determinadas Juntas de Gobierno desconocen, o no alcanzan a reconocer el valor artístico, además de obviar la existencia de una institución encargada del análisis del patrimonio artístico, en el que se encuadran imágenes y templos andaluces, y de su posterior restauración, si ésta debe llevarse a cabo.

        Se trata del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (I.A.P.H.), el cuál, tras un minucioso estudio de la obra, emite un informe detallado del estado de la misma, aconsejando o no su restauración. En algunos casos, la delicada situación económica de la cofradía puede conducir a descartar esta posibilidad. Aunque no es la única. 

     Otra de las posibles opciones es la búsqueda de un imaginero experto, que pueda acometer este trabajo, no sin antes presentar a la hermandad una analítica previa para que la corporación decida si es la persona idónea para llevar a cabo dicha acción. A

        Todos los cofrades estaremos de acuerdo en la pérdida irreparable de tallas puntuales de nuestra Semana Santa, precisamente por no actuar de manera conveniente, superponiendo el ahorro económico por encima del valor artístico, valor que se presupone incalculable en algunas de estas obras escultóricas. 

        El desconocimiento y la desaprobación se anteponen al buen gusto y al riguroso celo que deben tener algunos de los regidores de las hermandades ante estas grandes joyas de arte sacro. 

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