Un ingrediente más de nuestra Semana Santa, que sin saber muy bien el porqué, se empieza a echar en falta en las calles.


Un escalofrío recorre nuestro cuerpo cuando de repente, una saeta rompe el silencio para desgarrar con la oración más sentida la emoción del alma. Un cante profundo y sincero, una oración salida del corazón y a la vez, interpretada con el arte que solo por el sur se mama. Así es la saeta, un ingrediente más de nuestra Semana Santa, que sin saber muy bien el porqué, se empieza a echar en falta en las calles.


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