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| Foto: BlogMorado |
Escrito por carlos garcia lara para el correo.
Las hermandades son asociaciones que forman parte fundamental de la Iglesia. En una ciudad como Sevilla, no se entienden la una sin la otra. Por ello, no es de extrañar que el propio Papa Francisco encomendara al arzobispo de la Archidiócesis, Juan José Asenjo, que “las cuidara”. Hay hermandades con una vinculación enorme con sus parroquias y párrocos que se convierten en el verdadero motor de algunas cofradías. Como soy dado a contar historias, les contaré un caso que ocurre en Alcalá de Guadaíra.
Resulta que el párroco de San Agustín, Antonio Guerra, es al mismo tiempo director espiritual de La Borriquita y, a su vez, el arcipreste del municipio alcalareño. Hace unos cuatro años que llegó a la parroquia y supo ganarse a los fieles a la primera, no sólo por su forma de predicar, sino también por su comportamiento ejemplar. No tuvo otra idea que hablar con el capataz de la Virgen de la Oliva y le pidió igualar en el palio. Quería saber qué se sentía debajo de una trabajadera, soportando kilos como muchos de los hermanos costaleros. Y desde aquél día, realiza su estación de penitencia el Domingo de Ramos ataviado con su faja y su costal.
Quizás sea este un ejemplo extremo, pero lo que sí está claro es que Iglesia y hermandades están llamadas a entenderse. Porque de esa manera, sólo de esa, siempre saldrán ganando las dos.

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