`Extraordinarieces´



¿Se imaginan que en Sevilla la Macarena saliera de manera extraordinaria con motivo del centenario de la Guerra de la Independencia? ¿Que pensarían ustedes sí la Estrella o la Esperanza de Triana protagonizaran procesiones de gloria en pleno mes de Julio, coincidiendo con la “Velá” de Santa Ana? ¿Que dirían si el paso de la Sagrada Mortaja participara en las fiestas de su barrio? 

No piensen que estas preguntas capciosas son hipótesis mías. Ni siquiera ocurrencias a bote pronto para llamar su atención sobre este fenómeno tan en boga como son las salidas procesionales de cristos y dolorosas en épocas distintas a la Semana Santa. Todos los supuestos del párrafo anterior se han producido en algún momento del último siglo. A lo largo de la historia, las hermandades han organizado este tipo de manifestación externa con el objetivo de resaltar un hecho extraordinario, bien de índole religioso, festivo, patriótico o conmemorativo. El anuncio de que una imagen fuera a salir, levantaba la expectación propia de las celebraciones poco corrientes.

De un tiempo a esta parte, los argumentos para organizar procesiones extraordinarias se han centrado más en cuestiones conmemorativas (aniversarios o centenarios) o en celebraciones (bendiciones, hermanamientos o coronaciones canónicas), dejando a un lado algunas motivaciones de antaño, que hoy podrían ocasionar que más de uno se rasgara las vestiduras.

También es cierto que en los últimos años han aumentado considerablemente los Via Crucis, Rosarios de la Aurora o Vespertinos, o los traslados a otros templos para celebrar los cultos. Este continuo trasiego de las Imágenes, junto al buen número de salidas extraordinarias que se fijan cada año, hace que esta forma de celebrar grandes acontecimientos, se vea devaluado e incluso sirva en muchos casos de blanco de críticas, aún cuando se celebren varios siglos de existencia de una Imagen o una Hermandad.

La decisión de sacar en procesión extraordinaria a los Titulares corresponde a las propias hermandades, y bajo esa responsabilidad, les atañe el sopesar si un acontecimiento es digno de celebrarse de esta forma, o sí con unos cultos internos es suficiente. A veces, da la impresión de que se busca la coincidencia forzada de fechas, la efeméride un tanto ajustada o un razonamiento que tira por tierra el verdadero sentido de algo extraordinario, convirtiéndolo simplemente en una “extraordinariez”.

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