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Vestidores: La responsabilidad de vestir bien a una imagen.



Manuel Jiménez, que lleva desde los 15 años vistiendo imágenes de Semana Santa, es el vestidor de Las Angustias de Córdoba.

Manuel Jiménez cambia los mandos hipertecnificados de la cabina del AVE por los tejidos, bordados y materiales más artesanales, sin despeinarse. Manuel Jiménez es conductor de los trenes más veloces de España y vestidor de la Virgen de las Angustias Coronada, última imagen de Juan de Mesa, ejecutada en 1627 poco antes de morir. La responsabilidad de vestir al grupo escultórico con más valor artístico de Córdoba, que hoy sale en procesión, recae en este hombre, enchaquetado y elegante, que desde pequeño se entretenía vistiendo y desvistiendo imágenes.

“Un vestidor tiene una labor muy limitada. Eres quien resuelve lo que el escultor ha dejado sin terminar adrede para que lo terminen las hermandades en función de su iconografía...
Pero hay que hacerlo en función de lo que él ha podido tener claro en la cabeza cuando hizo las imágenes. Tener en cuenta eso y terminar la figura es la labor del vestidor”, explica Manuel.

Cuando atiende a los periodistas todavía queda una semana para el Jueves Santo. Pero su labor está prácticamente terminada. La imagen de Las Angustias preside la nave central de la iglesia de San Pablo. Manuel conoce perfectamente cada línea, cada curva, cada pliegue de esta piedad canónica y tremendamente naturalista, que congela como en una fotografía el momento en que la madre de Jesús abraza en su regazo el cuerpo muerto de su hijo. “Si te fijas, la piel de Cristo es grisácea, mortecina, empieza a tener rigor mortis, por eso los pies siguen casi cruzados. Cuando estás cerca se ven las venas, sus ojos en blanco”, explica el vestidor.

Él tiene ese raro privilegio de estar prácticamente a solas con una figura que, además de ser historia pura del arte, es objeto de su devoción. “Siempre que me pongo delante de una imagen me entra miedo escénico, pánico. Yo soy una persona muy devota y el miedo a que en un momento dado puedas desvirtuar el papel de la Virgen por tu, digamos, mal hacer, me hace ser muy responsable”, reconoce Manuel. “Pero cuando llega el momento, la Virgen me quita ese miedo y para mí es como un acto de oración, es un momento intimista, devocional, con velas encendidas y acompañamiento musical sereno y clásico. Y si puedes, pues pones hasta un poquito de incienso”, prosigue.

El propósito de vestir a la imagen es completar el mensaje religioso. “Desde el punto de vista de la devoción popular, nosotros tenemos que conseguir que la figura llegue al devoto y le transmita el principal cometido de la imagen: incitar a la oración y que la gente, feligreses, devotos o cofrades, vea realmente los momentos de la Pasión de Nuestro Señor dentro de la Semana Santa”, aclara.

La particular pasión de Manuel es vestir imágenes. Cuando estudiaba en los Salesianos, tanto en su etapa de colegio como de instituto, todas sus actividades relacionadas con los trabajos manuales las enfocaba hacia la Semana Santa. “Era un niño muy tímido y a través de unas amistades de mis padres entré en el grupo joven de La Paz, del que salió la Hermandad de la Soledad de Santiago, que se fundó en San Miguel y ahí, con 15 años, tuve la suerte de vestir la primera imagen de Semana Santa: la Soledad”, recuerda.

“Hay que tener claro cómo es cada hermandad. Las hay de un corte más popular, otras semiserias y otras que son de un luto riguroso. Nosotros nos adaptamos a cada una de ellas. La línea cromática te la va a marcar la propia hermandad. A la hora de vestir, sayas y mantos son los elementos de salida. En lo que sí se varía algo es en los encajes que se utilizan a modo de tocado que si se puede utilizar una pieza más de año en año, pues mejor. Los encajes que se usan son siempre de una cierta suntuosidad, para enriquecer aún más la talla. Encajes de Bruselas, puntos de aguja, venecianos…”.

Fuente: http://cordopolis.es/

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