Riesgo de empacho



Definitivamente a los cofrades, por lo menos a algunos, no hay quien nos entienda. En la actualidad nuestras hermandades (algunas) tienen una intensa vida interna, que causaría admiración y sorpresa en quienes nos precedieron, tenemos tecnología para anunciar los actos y cultos, y para hacer partícipe de los mismos a aquellos hermanos que están en la otra punta del planeta. Tenemos inventos increíbles para inmortalizar el momento con nuestros propios medios.Pero no estamos contentos, hay run run  generalizado, voces que proclaman a los cuatro vientos que todo se ha salido de madre.

Hemos pasado del menú del día, a un gigantesco buffet de oferta tipo todo incluido. La consecuencia es la misma que cuando nuestras madres nos advertían cuando éramos niños que no abusáramos de las chucherías y refrescos, ¡niño no comas tanto de eso, aunque te guste mucho! nosotros ni caso a lo nuestro. Ya nos habían advertido sobre los sintomas: dolor de tripa, vómitos, malestar general…Si, éramos víctimas de un empacho.

Decía un buen amigo mío hace muchos años que para recuperar la ilusión por vivir intensamente la Semana Santa había tomado la decisión de prescindir de todo lo que oliese a cofradías el resto del año. No le falta razón aquella amiga que dice que monta una burbuja a su alrededor en Cuaresma para evitar que nada perturbe la espera más hermosa. Hay a quien las circunstancias obligan a contadas apariciones en la intensa vida de su hermandad, y esa abstinencia tiene como efecto secundario vivir con más intensidad las escasas ocasiones en las que puede participar.

Cuando les duela la tripa, por lo saturado del calendario, por hartazgo, por empacho, porque no les gusten algunas actitudes, piensen. Aunque lo más probable es que sigan echándole la culpa a los demás. Los humanos, mucho más los cofrades, somos así.

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