El cajón de nuestra memoria.

Cuando el tiempo se pare…

A veces el tiempo se para. Hay momentos en los que todo está equilibrado. Son segundos, pero te llenan de una paz que no puedes describir con palabras, de una ternura suave o de una felicidad que te eriza el alma. Es en esos instantes en los que tenemos que hacer una fotografía nítida, con mucha luz, y guardarla bajo llave en el cajón de nuestra memoria.

Yo tengo mi cajón lleno. Allí está el primer llanto de mi hijo al nacer, un beso de amor verdadero, la risa más sincera de un amigo, el abrazo infinito de mi madre, el aliento cercano de alguien que está lejos, un éxito profesional muy trabajado…

Porque los momentos se escapan como agua entre los dedos y cuando se pasa ese efímero instante, cuando la realidad se vuelve densa hasta hacer que te falte el aire, es entonces cuando hay que coger la llave, abrir ese cajón y dejar que se escape una sonrisa al mirar cada foto que has hecho en el camino.

Los instantes eternos terminan inexorablemente, por eso hay que quedarse con el sabor, guardar fotos, muchas fotos en el cajón de los recuerdos, para que cuando arrecie la tormenta sepamos por qué tenemos que bailar bajo la lluvia sin llorar.


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