'Soleá dame la mano', una de las mejores marchas procesionales de todos los tiempos

Nos adentramos en los años 20, para profundizar sobre una marcha que continuo con esa continua revolución estética y material de todo lo relacionado con las cofradías y la Semana Santa. Su creador, Manuel Font de Anta no fue precisamente un compositor de marchas prolífico, pero dejo para los anales de historia de la música cofrade dos composiciones de leyenda: 'Amarguras', ya mencionada en nuestros mensuales reportajes, y 'Soleá dame la mano', la que para este encuentro musical hemos elegido. Considerada por muchos como la mejor marcha de la Semana Santa en sus aspectos de armonía e instrumentación.

'Soleá, dame la mano' es uno de los mayores exponentes de marcha procesional escrita dentro de un estilo nacionalista, en aquellos años muy cultivada en España de la mano de compositores de la talla de Manuel de Falla. Como música nacionalista, recorre los veneros del folclore y la música popular. Según los expertos, se percibe la influencia del impresionismo francés sobre todo en la sonoridad de ciertos acordes que se introducen en algunos pasajes de la obra o, sin ir más lejos, la introducción en la que se nos presenta nada más comenzar la marcha. Fue instrumentada por Manuel Font Fernández, Padre de Manuel y entonces Director de la Banda Municipal de Sevilla, y es otro poema sinfónico que muchos músicos expertos consideran superior en calidad a la marcha 'Amarguras'. Se compuso en 1918 y es por tanto anterior a ésta última. Resulta sorprendente que en un lapso pequeño de apenas un año, el joven compositor Manuel Font de Anta fuera capaz de dar a luz a dos obras de incomparable belleza y de tanta transcendencia posterior.

El origen de su dedicatoria

Existen controversias y distintas teorías sobre su dedicatoria, ya que sus partituras originales se encuentran extraviadas y resulta imposible saber con exactitud este pequeño misterio. Siempre se ha dicho que la marcha esta dedicada a la Hermandad de la Esperanza de Triana, Sevilla, lo que ha sido considerado como un error por los expertos en música cofrade. A falta de las partituras originales, en una reducción a piano, publicada en 1924, reza la siguiente dedicatoria: “A los desgraciados presos de la cárcel de Sevilla, que al cantarle “saetas” a la Virgen en Semana Santa, me hicieron concebir esta marcha”.

A continuación os narramos lo que Manuel Font de Anta pudo llegar a contemplar. Mañana de Viernes Santo en Sevilla. Barrio del Arenal, antigua cárcel del Pópulo. Entre el gentío la Esperanza avanza hacia Triana, recorriendo las últimas calles de Sevilla que la separan de su barrio. Tras los muros de la cárcel y por unas ventanas con rejas se agolpan presos que esperan verla pasar. Pero curiosamente la Virgen no pasa de largo, se vuelve hacia los que imploran tras los barrotes. Con la Esperanza frente a ellos se hace el silencio. Un preso se arranca con una saeta que dice así: "Soleá dame la mano, por las rejas de la cárcel, que tengo muchos hermanos, huérfanos de padre y madre. Eres la Esperanza nuestra, estrella de la mañana, luz del cielo y de la tierra, honra grande de Triana". Así nació la marcha procesional en la mente del compositor Manuel Font de Anta. La composición efectivamente refleja el paso de la cofradía de la Esperanza de Triana por la cárcel de la Calle Pastor y Landero. Por lo tanto, si bien no está dedicada a la Esperanza de Triana, sí que está inspirada en ella. Curiosamente, cada mañana de Viernes Santo, suele interpretarse cuando la Virgen pasa frente al edificio donde estuvo la cárcel, en el que hay un azulejo de la Esperanza de Triana, como recuerdo de aquellas saetas que le cantaban los presos.

Capacidad descriptiva

En sí misma, y de principio a fin 'Soleá, dame la mano' es una obra de una envergadura tan grande, que como apuntan los expertos aun no ha tenido otro precedente posterior en la historia de la música cofrade. Hay que destacar que se trata de una composición, que a pesar de ser creada en los años veinte, ya mostraba un carácter avanzado e innovador, y por su complejidad y altura artística, lo que supuso una revolución musical. Tiene la peculiaridad de contar con la gravedad de una marcha fúnebre, y a su vez la fuerza y la plenitud de una marcha alegre. Pocas pueden ponerse a su altura y resistir la comparación. Son muchos los expertos, músicos y compositores que la han señalado como la mejor marcha escrita de todos los tiempos.

Se trata de una marcha descriptiva por sí misma, es decir, una composición con la que podemos recorrer los momentos mágicos de ver un palio llegar, pasar e irse ante nuestros ojos, haciendo que música e imagen se fundan para crear el momento cofrade perfecto. Al escuchar sus sones, es capaz de sumergirte en una atmósfera lúgubre, que retrata la llegada jubilosa de un cortejo con las notas de la marcha real. Lo mismo alcanza en el cénit con un acorde colorista y en fortísimo, terminando como un latido que se extingue poco a poco y se consume tras unos minutos de grandes sensaciones. En definitiva, el estilo de “Soleá, dame la mano” ha traspasado la línea del tiempo, convirtiéndose en una marcha del ayer, para el presente y a buen seguro para el mañana.

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Sobre el autor

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