Nos echamos a la calle

Cristo del Consuelo. 2016. Foto Rebeca Madrid

Y ahora que todo se cuestiona, que parece la libertad religiosa no ésta bien vista o que las tradiciones son consideradas un atraso para sociedad, permítanme que mediante estas líneas explique el por qué cientos de personas nos echamos a las calles para conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Nos echamos a las calles para que todas las generaciones compartan las mismas vivencias e ilusiones. Nadie es más que nadie, todos somos iguales ante los ojos del Señor.

No hay mejor ejemplo para describir este momento que la salida de Nuestro Padre Jesús a su Entrada en Jerusalén, donde las pestañas, aún entreabiertas, de abuelos y nietos amanecen con los sones de cornetas y tambores’ como melodía de su despertador.

Nos echamos a las calles para ver cómo la ciudad contempla la cansada, pero a su vez serena, mirada de su Señor.

Nos echamos a las calles para decir que somos pecadores, que nos arrepentimos de toda acción u omisión que ha podido herir al prójimo.

Tenemos el legado de saber perdonar y de pedir perdón. En este Año de la Misericordia, más que nunca, tenemos la oportunidad de pedir perdón ante quien sufrió la agonía de morir por nosotros.

Nos echamos a las calles para seguir la sombra y estela de Jesús, el mejor ejemplo que tenemos para la consecución de nuestros quehaceres diarios.

Su grandeza, bondad y misericordia son incomparables. La síntesis que conforma lo divino y humano unidas en un Dios que prestó su cuerpo y su sangre al resto de los mortales.

En nuestras Dolorosas encontramos los por qué de nuestras situaciones o la solución a nuestros miedos, y nos agarramos de su mano para seguir nuestras vidas con la certeza de contar con su divino regazo guiando el camino.

Nos echamos a la calle para dar testimonio público de fe, dejando bien subrayado que somos iglesia y que en ella creemos. Somos las ovejas de un rebaño que el Buen Pastor encargó a nuestras instituciones religiosas guiar.

La Semana Santa es uno de los puntos de encuentro más relevantes con la Iglesia. Sin ésta estos siete días carecerían de sentido y, en ésta encontramos las principales vías para realizar las acciones caritativas que realmente llena a los cofrades, ese es el verdadero oro que otros no (quieren) ver.

Nos echamos a las calles para encontrar nuestro sentido como cristianos. Concluimos nuestra Semana Mayor celebrando la Pascua de la Resurrección.

La nostalgia que se apodera del cofrade se une con la alegría de esta conmemoración al llevar en procesión a la imagen de Jesús Resucitado.

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.Gracias por su visita. SMCE

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