¿Marchas de película?

Las marchas de Semana Santa, como todo en esta vida, van por épocas. Pero también como todo en esta vida, lo bueno y exquisito permanece y lo demás, pues es el pueblo soberano el que se encarga de ir dándole con el pie así poquito a poco hasta un quizá futuro resurgir. Creemos dar por terminada la era de las que llamamos “marchas flamencas” y de aquellas que ni siquiera vamos a mencionar que tienen ritmo de reggaeton -sí, de reggaeton, no estamos exagerando, hemos estudiado música y sabemos de lo que hablamos-. Podemos decir que vivimos la era de las marchas “banda sonora épica”, esas que hacen que se te encoja el corazón y que podrían ser la música de cualquier tráiler de Hollywood. Ojo, que esto no es malo ni mucho menos. Es el pueblo, el que manda, el que las aplaude y nosotros algunas de ellas también. Son, como tantas otras cosas, hijas de su tiempo, y quizá necesidad de tirar p’alante en tiempos difíciles como estos. A cada década, sus necesidades. Algunas nos gustan, otras no tanto. Pero esto es un blog en el que somos libres de escribir lo que queremos sin censurarnos, que ya bastante nos coartan por otras partes. Y ojo que no cuestionamos ni el triunfo ni la calidad de las marchas que aquí se exponen, esto es solo una reflexión en voz alta. Estas son las bandas sonoras que, quizá a ti también, te han sonado a tráiler de ‘Gladiator’. 


Probablemente sea la banda de las Tres Caídas de Triana la que siempre lleve la sorpresa a su salida de cada Madrugá acompañando a los titulares de la calle Pureza. Los andares únicos del paso de Cristo y sus virguerías invitan a las composiciones cada vez más atípicas. Es el caso de ‘La Fe’, la marcha de Francisco Ortiz que se usó este año para enfilar el último tramo de La Campana camino de Sierpes. El tramo final de esta marcha, escúchenlo, es pura epicidad que podría hilvanarse con la tensa batalla en la arena del Coliseo entre el malísimo Emperador Cómodo y el gladiador bueno de Russell Crowe, una lucha de Espadas que termina con el emperador sobre la arena tragando su propia sangre. Puros tintes romanos de batalla. A nivel musical, aquí se usa un corte en seco a mitad de marcha que es recibido por los metales más graves después de un incesante picado de las cornetas para romper en un atronador tutti en el que las cornetas exponen una fórmula pregunta y respuesta que acaba en una nota sostenida aupada por síncopas en los graves.

El fin de Gotham está cerca


No vamos a cuestionar la originalidad de ‘Caridad’ ni, por supuesto, su preciosa dedicatoria a la labor de Cáritas. Faltaba más. Y a mí personalmente, la armonía de esta marcha me tiene enganchado, pero eso no quita para que se pueda poner encima del tráiler de ‘El caballero oscuro’ y no desentone demasiado. El oscurantismo del murciélago de Gotham puede verse aquí reflejado en esas campanas que llaman al héroe desde los cielos contaminados de la ciudad neogótica. Los metales más graves se usan aquí para dar expectación en el último tercio de la marcha, incorporándose temas como en un canon eterno de epicidad incuestionable, con tubas con puntillo y cornetas con notas secas para resaltar la llegada de la frase principal. La marcha de Manuel A. González Cruz es de esas que nos pusieron el vello de punta, por ejemplo, en la entrada de Las Aguas de este año, aunque no sabíamos si era porque el apocalipsis estaba cerca o porque nos daba pena que la hermandad se fuera hasta el año que viene.

Cornetas en el Abismo de Helm


De nuevo las campanas, de las que estamos muy contentos, porque por fin puede demostrar lo que sabe este músico de Tres Caídas, que lo tenían con las campanas cogiendo polvo en su casa. Si bien esta no es la más atípica que podríamos mencionar, hay que decir que no es una marcha al uso -y quizá la que más campanas tiene-. Miguel Ángel Jiménez Soto usa aquí una sonoridad suave de corneta (GRACIAS, ser corneta no implica tener que berrear siempre) para el principio con un uso de tambor sordo y campana para introducir su ‘Historias de Judea’, que es un “que viene, que viene” que no parece acabar nunca. Se suceden los momentos en los que parece que llegaremos al clímax, pero que no. Hay que admitir que el efecto y la manera e lograrlo es inteligente, sabe cómo funciona la emoción humana y la exprime hasta el límite, por eso como en ‘Réquiem por un sueño’ y su banda sonora, aquí los metales más graves se mantienen con una secuencia de terceras descendentes que arroja inquietud al asunto. Y aquí, si cerramos los ojos, podemos ver a las tropas oscuras cernirse sobre el Abismo de Helm del Señor de los Anillos, y con cada golpe de campana un golpe de bastón de Gandalf.

El Hombre de Acero es cuestión de ‘sentir’

El caso de la Banda de la Presentación al Pueblo de Dos Hermanas es un caso muy singular. Componen sus propias marchas y, hasta que llegaron, nada se parecía a los sones que ellos tocan. O a mí me lo parece. ‘Sentir’ es la apoteosis de su estilo, el carpetazo a todo lo que había para abrir una nueva era en la que los ritmos clásicos se difuminan, los accelerando entran en escena y el corazón cada vez va más deprisa gracias a unas cornetas en continuo ascenso durante toda la pieza. A partir del minuto 3:30 es el acabose -no en mal sentido-, la explosión de las cornetas hasta alcanzar un final de golpes secos que parece que el Hombre de Acero acaba de detener las naves de los malos de Kripton con su fuerza sobrehumana para que no acaben de destruir Nueva York, que por otra parte ya está como tu cuarto el domingo de los fuegos de la Feria. Tampoco iba a empeorar mucho.

Entre Garci y Ben-Hur


Algunos dicen que Cigarreras ya no es lo que era. Y es normal. Es 2016 y las bandas también avanzan con los tiempos. No vamos a entrar si ha ido a mejor o a peor, pero sigue siendo una de las mejores bandas de Sevilla y tiene interpretaciones memorables de buena parte del gran patrimonio musical de la ciudad. Pero una de las muestras de ese nuevo repertorio es ‘Ante Caifás, el Hijo de Dios’, dedicada al misterio de San Gonzalo. Pues tenemos un sentimiento bipolar con ella. Por un lado nos empieza sonando a una película de Garci -obviamente de la Guerra Civil, no sabemos si tiene de otra cosa-, con sus toques un poco cañís y con sabor a una España de años 30, en blanco y negro. Pero de repente aparecen en el minuto 1 unos tambores recios e intratables que te dejan entre las cuádrigas de Ben-Hur -bien, al menos en esta película salía Cristo, aunque fuera haciendo un pequeño ‘cameo’ por así decirlo-. ¡Estamos confusos! Y luego tambores de muerte que parece que va a entrar por la puerta la Centuria -Buenas tardes, ¿se puede?- para dar paso de nuevo a ese solo del final que entre repiqueteo de caja y compás lento nos vuelven a llevar a una España en blanco y negro, como la de la ‘Blancanieves’ de Pablo Berger.

Todos los hombres de Virgen de los Reyes


Cualquier trama de abogados, casos sonados o películas estilo ‘Todos los hombres del presidente’ podrían tener como banda sonora ‘La conversión de Sarah’ que podéis ver arriba. Imaginaos a, yo que sé, Dustin Hoffmann en la flor de la juventud dando porrazos sobre el estrado mientras se deja la vida por defender la inocencia de su cliente mientras suena esta pieza. Y ojo que no hemos elegido una marcha que tenga el recurso más efectista de esta agrupación musical: ¡el xilófono!. Si habéis visto El Carmen Doloroso, sobre todo subir la Cuesta del Rosario, en alguna ocasión, es que el cuerpo os pide xilófono. Es como que sin xilófono, el Miércoles Santo no es tan Miércoles Santo ya. ¿Revirá en Placentines? Xilófono. ¿Izquierdos por la Alameda? Xilófono. Cuando suena el xilófono, parece que todo vuelve a estar en calma. Virgen de los Reyes nos ha hecho dependientes del xilófono. A pesar de que no es el instrumento más agradable de escuchar durante mucho rato.

Harry in Ciudad Jardín


Y por último, hemos querido meter una marcha que puede tenerlo todo, y por eso puede desplegar sus temas por un mundo en el que de todo hay, como el del Hogwarts de Harry Potter. Y eso que en las marchas de palio parece que todo puede ser, porque aquí se nota menos. ‘A mi Virgen del Rosario’ de David Rueda, dedicada a la dolorosa de La Milagrosa, tiene unos tintes de pasodoble en algunas partes, pero no os dejéis engañar. Esta podría ser la llegada de Harry Potter a Hogwarts. Que si las compras en el callejón, que si las pamplinas con Ron en el tren, que si el opulento recibimiento de Dumbledore a los estudiantes. Y de repente llega el solo de oboe, y vemos a Harry bajo la nieve mientras el invierno llena de incertidumbre el castillo mágico, y cuando entra la flauta es que hasta se nos saltan las lágrimas recordando a los padres muertos del joven mago. ¡Por qué lo hiciste, ser-que-no-debe-ser-nombrado! ¡Y por qué esta marcha que no tiene nada que ver nos recuerda las desdichas de Harry! Pues porque en esto de la música, amigos, siempre hay algo de magia. Y la magia a algunos les gusta y a otros no, pero al final siempre es un truco. El truco de jugar con tus emociones y hacerte sentir algo que no esperabas. La música es emoción y, siempre que sea respetuosa y no se nos olvide lo que hay delante de la banda, todo irá bien. Lo demás solo le importa al corazón, que es el que siente.

Extraído de http://labuenavida.nervionaldia.com/

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