Muchas cofradías hibernan, cuando no “mueren” durante el año para resucitar en cuaresma



Desde hace años, no paramos de escuchar en diversos foros de opinión, comentarios sobre la situación actual de las cofradías (las nuestras y la de otros lugares de España) y de una supuesta etapa de crisis en las mismas en muchos casos.

Hay opiniones para todos los gustos. Unas a favor, otras en contra y otras con reparos. Pero casi siempre convergemos en una serie de puntos de acuerdo y en muchos más de desencuentros. Y es entonces cuando se empieza a hablar del fenómeno de las crisis en las cofradías. Pero, ¿Es realmente así? ¿Hay crisis en las cofradías?

Pues puede parecernos extraño que cuando estamos viviendo una etapa de creación de nuevas cofradías y hermandades sin precedentes en la historia, de aumento en algunos casos de cofrades, de hermanos portadores ó costaleros, bandas tambores y cornetas o de música, páginas web cofrades, facebook, blogs, revistas, trípticos, libros, CDs, etc. estemos hablando o simplemente comentando de crisis. Y algunos se preguntarán: ¿Que dice este hombre?.¿Cómo puede hablar de crisis ante este resurgir del movimiento cofrade?.

Pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que los factores en los cuales se está viviendo un cierto auge no dejan de ser factores externos, totalmente poses, mientras que en la vida interna de las hermandades o cofradías, se puede ver fácilmente la cruda realidad.

Muchas cofradías hibernan, cuando no “mueren” durante el año para resucitar en cuaresma, la asistencia de hermanos y cofrades a los actos y cultos es mínima. En algunos casos, se entiende la cofradía como paso intermedio para conseguir cargos de feria cofrades, y un largo etcétera. Vamos que prima salir en las fotografías, en periódicos y revistas y cuanto más, mejor.

Ante la ausencia de valores internos, las cofradías van perdiendo cada vez más sus raíces y se van convirtiendo en lo que desean buena parte de los políticos de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas que nos rodean: convertirnos en una manifestación folclórica más, pero mejor si van perdiendo su raíz religiosa, hacernos perder nuestra espiritualidad para convertirnos en muestra de arte, convertirnos en fin en un atractivo turístico más. Todo enmascarado con subvenciones de todo tipo cuando no de promesas más o menos atrayentes, títulos .

Así, las cofradías y hermandades, (antes fueron otras entidades festeras como peñas, asociaciones, etc.) llenan con actos de todo tipo páginas enteras donde los Ayuntamientos y Comunidades Autonómicas puedan poner el sello. Las cofradías se llenan por fuera y se vacían por dentro. Y ante todo esto, somos nosotros los únicos que tenemos que poner remedio a la situación.

Pero primero habrá que admitirlo, verlo y comprender el engaño al que somos sometidos. No vendrá nadie a ayudarnos. Tenemos que abrir los ojos. Evidentemente, no en todos los sitios la crisis se muestra igual ni en la misma proporción, pero haberla la hay.

No hay más que programar un buen partido de futbol en la televisión para hacernos trastocar horarios y trayectos en los recorridos. Hasta corremos asustados a solicitar a las autoridades, a esas que nos engañan, para que por favor sustituyan el día y ó acotar para un tipo concreto de actos.

En alguna ciudades y otros lugares, hay falta de portadores.

Pero hay algunos rasgos que creo que a todas las cofradías, son comunes: la falta de asistencia de hermanos a los actos que organiza la hermandad ó cofradía a lo largo del año, y claro, por eso no me refiero sólo a la salida procesional, me refiero a la falta de vida interna de las cofradías, la escasez de compromiso de unos y de otros, …

También hay que tener otros factores en cuenta. Alguno de los factores apuntados sea quizás producto de las modas imperantes. Chandal, sudaderas, medallas etc, pero vemos casi más hermanos con la medalla de la cofradía fuera de la procesión que dentro de la misma. A tanto se lleva esto, que parece que es preferible ir detrás de los pasos o de arriba a bajo de los cortejos de paisano, con la cara descubierta que vestir el hábito.

Pero, ¿Cuál es la solución?. Las cofradías han de volver a sus raíces. No se crearon para sacar grandes y bellos pasos dentro de un cortejo más o menos barroco, esto debería ser la culminación pero no nuestro fin principal. Parecemos estar en competición directa para ver cual de nuestras la más grande, la que más y mejor procesiona,etc.

Las cofradías eran (y deberían ser) lugares donde personas de toda clase y posición se unían en lazos de fraternidad y mutua ayuda, para apoyarnos los unos a los otros. Cofradía y confraternidad tienen orígenes etimológicos similares. Las cofradías se crearon para asistir al hermano enfermo y necesitado, y no solo me refiero a una necesidad económica como por desgracia ha derivado hoy en día, con ingresar un porcentaje anual llamado “diezmo” y que con él, no solucionamos el problema; tenemos que estar en el barrio y conocer sus necesidades, saber quien lo está pasando mal, ser un instrumento social a pequeña escala, a la escala de nuestro barrio, de nuestra parroquia. Y no solo en lo económico, no.

Debemos ser puente de unión entre las personas, la parroquia y NUESTRA FE. Una cosa hemos de tener bien clara. Hemos de ser conscientes de por dónde nos movemos. Estamos en una sociedad en la que la religión ya no se impone, se propone. La enseñanza religiosa ya no es obligatoria. Nos encontramos con niños que desconocen lo más básico de nuestra fe. Y por ello, se hace necesaria una formación, pero una formación cristiana y también cofrade. Incido en lo de cofrade ya que somos nosotros los que debemos liderar esa opción y no a través de temarios impuestos desde fuera y que, aunque válidos en el fondo catequético, no dejan espacio para el fomento de nuestros valores propios: la fraternidad, la caridad, nuestra historia y costumbres, etc.

La formación debe ser una opción que tomemos libremente y no una imposición. En caso de ser impuesta nos encontraremos con un fenómeno similar al que sufre nuestra iglesia con los jóvenes que se apuntan a confirmación: se les hace pasar por unos caminos poco flexibles a su realidad, alejados de su entorno, sin propuestas que de verdad les lleguen. ¿Y qué pasa al final? Que tal y como se confirman huyen de las parroquias para en la mayoría de los casos, de momento no volver.

La formación general es necesaria y aun más en los diferentes cargos de responsabilidad dentro de las juntas de gobierno, ya que éstos, deben ser modelo de fe cristiana en medio de la sociedad, pero insisto, a través de unos planes adaptados a nuestra realidad y por supuesto entendiendo la formación como una opción, nunca como una obligación.

Así podemos llegar a conseguir estos fines. Las salidas procesionales serán la culminación de esta gran labor. Las procesiones serán el culmen de todo un año de vida en comunidad, de amor y fraternidad. Será en ese ambiente en el que se entenderá nuestra forma de vivir la pasión y muerte de Cristo.

Share this:

Sobre el autor

.Gracias por su visita. SMCE