Reflexión a propósito de la identidad de nuestra Semana Santa

Foto Rebeca Madrid
Algunos afirman que "la Semana Santa de Daimiel ha perdido identidad". Sin duda nos sonará. Es alguna de las muchas expresiones similares que como auténticos mantras nostálgicos salen de nuestros labios y toman cada año por Semana Santa más protagonismo si cabe, en tertulias y conversaciones improvisadas entre cofrades o en cualesquiera que sean los foros. Es complejo e inabarcable en pocas líneas, analizar evolutivamente nuestra Semana Santa y los elementos que ha ido incorporando en detrimento de otros tantos que se perdieron en el tiempo. Habría que razonar con fundamento aquello que se recuerda hoy día como típico y que en verdad lo era, diferenciándolo de aquellos elementos que, quizás, estaban más cerca de ser formas importadas, que de constituir algo netamente local y que sin embargo todavía hoy muchos lo defienden como abanderados del daimieleñismo.


Pero resumiendo -con el riesgo que ello conlleva- no es descabellado sopesar la necesidad, llegado este momento histórico de nuestra Semana Santa, de mirar con prudencia y respeto al pasado, para recuperar ciertas identidades de una parte, y de otra afianzar algunos signos presentes en la actualidad, que están debilitados y/o cuasi desaparecidos. Una retrospectiva que podría hacer de nuestra Semana Santa una manifestación más singular y personal y la alejaría de una desafectación, patente a día de hoy, por un pasado que, no siendo necesariamente mejor en todos sus aspectos, sí es verdad que nos ancla a las raíces y proyecta la celebración religiosa con más sentido histórico e identitario, y no sólo como una expresión artística y estética sujeta a los vaivenes insustanciales de las corrientes y las modas.

Nuestra Semana Santa ha ganado en elaboración, en prestancia. Las hermandades han avanzado a pasos agigantados en organización y estructura. Por eso mismo se hace perentorio hacer examen autocrítico y plantear seriamente la recomposición de aquello que olvidamos y que merece la pena ser reintegrado, para mejorar todo lo bueno que ya hay construido. ¿Y cuál es la identidad de la Semana Santa de Daimiel?. ¿Los pasos a ruedas?. ¿los tronos de madera al estilo de el de Ntro. Padre Jesús Nazareno?. ¿el uso de bombillas?, etc. Nos afanamos en hablar de ella como una entelequia, pero falta concretar a qué nos referimos. Lejos de ser algo abstracto, esa anhelada identidad tiene nombres y anida en numerosos elementos de índole artística, religiosa y social.

Foto Rebeca Madrid . Semana Santa Daimiel 2016
En esta situación de necesaria revisión de nuestra Semana Santa, conviene reparar en un elemento, la música, que, como otros más, aporta identidad y caracterización. En numerosas ocasiones percibo que no somos capaces de comprender con antelación que ciertos planteamientos adoptados pueden ser la antesala de la desaparición de determinados rasgos de autenticidad. ¿Qué identidad musical tiene nuestra Semana Santa?

Las marchas procesionales de Daimiel son también parte de nuestra identidad. ¿Pero es algo con lo que todo el colectivo cofrade está de acuerdo? Lejos de desaparecer la acústica más castiza de nuestra Semana Santa, debería afianzarse y estar presente sin fisuras. El progresivo protagonismo de bandas de cornetas y agrupaciones musicales no es óbice para que determinadas marchas escritas por y para hermandades daimieleñas, persistan en el tiempo. No hagamos que las obras que llegan a las hermandades caigan a su suerte. A su vez, en las bandas de música reside el repertorio clásico y antiguo que nuestra ciudad y sus músicos han legado precisamente no para guardar el sueño de los justos, sino para estar tan vigentes como las partituras que nos llegan de fuera, con las que sin duda nos enriquecemos. Aquí cobra valor la figura del Maestro Valerio Martín Pingarrrón con sus populares marchas procesionales "Flagelación" o "Expiración", por poner un ejemplo. 

El caso más llamativo es el de la proliferación de nuevas marchas procesionales que desplazan del repertorio a marchas mas clásicas que siempre han sonado en nuestras procesiones. 

Sirvan estas letras para hacernos reflexionar sobre el verdadero sonido de nuestra Semana Santa.

SMCE

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