Opinión: Merchandising Cofrade

“Estuve en Cuenca y macordé de tu santa madre”. ¿Quién no posee en lo más privilegiado de sus estantes una de estas obras maestras de la vergüenza ajena? ¿Quién no ha otorgado a las baldas de su hogar de ese toque de distinguida horterada? ¿Quién en labores de limpieza y recogimiento no ha dado un golpecito de gracia –oh mesacaío, hasío sinquerélo remediá- que acabe con tanto derrame sanguíneo ocular?

Cuántos tesoros guarda para consigo el maravilloso mundo del “recuerdo de viaje”. Ese cenicero incorrupto con los leones de la Alhambra sobre tapete de croché presidiendo la mesa camilla de la salita. Esa navaja de samurai made in Toledo que pende de una reluciente alcayata a la entrada del hogar, cuestionada de su oficio por el cuñado mayor del reino a golpe de “¿pero esto corta de verdá?”. Ese platito segoviano con su imponente acueducto, en cuyas entrañas se celebra diariamente el festival internacional del ácaro. Esa giralda-llavero que bambolea en el temerario filo abismal del bolsillo de pantalón de pinza, en cuya arandela descascarillada pende un manojo de llaves digno del castillo de Harry Potter, porque no es taco todo lo que abulta. O esa taza-Sagradafamilia –que si las metes en el microondas queman por fuera, pero dejan la leche fría- cuyas torres perforan cándidos ojos, que se acercaron inocentemente con la simple intención de dar un sorbo al café.

Sí amigos –y amigas, que también tenéis lo vuestro-, reconozcamos que en lo más profundo de nuestra modernidad digital, habita un hortera de manual, un cateto de los de camiseta del Madrid en la Rosaleda, un coleccionista de crímenes contra el buen gusto, que acumula objetos de pecado estilístico generación tras generación, negando en días de asueto, por pereza o negligencia, la tan necesaria jornada de “mierdas las justas”. Es de esta forma y no de otra, que uno llegue a explicarse la existencia y proliferación, de tanto objeto de culto a lo ordinario, en los dispensarios de “merchandaising” cofrade.

Según la tesis doctoral del célebre Sepêcer Trafjtitovski “êsen rejalên pöder mterten pör dônde ämarjen pepïnen” Etimológicamente “merchandaising” viene de la unión del término gabacho “mer” [cosa cacota],  el cantonés “chan” [sorpresa] y el anglosajón “Daising”, que significa “haciendo de la novia del ratón Mickey”. Si juntamos los tres términos, nos sale una estupidez supina sin sentido alguno “boñiga sorpresa de rata imperialista con lazo”, pero y el ratito que vemos echao qué ¿eh?

Históricamente, el merchandising cofrade –cada vez lo escribo de una forma diferente, lo sé- se ha venido utilizando para difundir la devoción a los titulares –o la confusión, como veremos más adelante-, y ya que estamos pues sacamos unas perrillas para las maltrechas arcas de la cofradía, cuya tiesura, no entiende de crisis, prolongándose más pallá de lo que puede recoger los legajos de nuestra memoria. De hecho hay estudios que afirman, que había cofradías en el año sesenta y cuatro AC.,  que ya debían tres recibos de luz y agua. Angustiados por la situación, decidieron poner a la venta, unas estampitas talladas a mazazo limpio, en gruesa y basta piedra –o ñosco, según prefieran-, con el divino rostro de sus futuros titulares. Lamentablemente, aquello no tuvo mucha salida, ya que el peso de la estampita deformaba bolsillos y tampoco terminaban de entrar en la cartera. Además, recibieron severas críticas porque el tipo de piedra, era el que se venía usando en la otra orilla del río Guadalquivir, acusando a los impulsores de “miarmarum”, con lo que la producción quedó almacenada en la casa hermandad bajo amenaza de ser lapidados con las propias estampitas.


 Ya en época rancia –desde el siglo XV hasta ahora más o menos- el mundo del recuerdo y regalo cofrade ha evolucionado, partiendo de la estampita, esta vez impresa, a la medallita para colgar de la solapa, con el heráldica de la hermandad o el que parece ser el rostro de la imagen venerada –aunque en ocasiones, la réplica en miniatura, se asemeje más a un familiar lejano- hasta llegar a toda una gama de productos que pueblan los expositores del área comercial de la casa hermandad, dignas de todo un refinado establecimiento de accionariado oriental.

Tal ha sido el nivel de profesionalización y estudio en esta materia, que los productos, se exponen cuidadosamente amontonados, por su morfología, material o inutilidad –que suele ser común denominador-. De esta forma, el incauto destinatario de tan suculenta oferta, cual perro de Paulov, comenzará a salivar estimulado por esa ansia de rellenar todo imperceptible hueco que aún permanece en la vitrina del salón-comedor. Saciando billetera en mano, ese horror vacui que todo barroquísimo cofrade lleva en su interior.

De entre la amplia variedad de género, convendría destacar el apartado de cerámicas, con sus platitos colgantes, sus dedales, -quién no ha cosido alguna vez con un dedal de porcelana- , sus nazarenitos imitación Lladró,  sus cajitas para guardar el diente del niño –que luego pasará a formar parte de un elegante collar-, o botijitos ideales para, para… Todo ello decorado con muy cofrades y bellas estampas.

Los elementos de escritorio también son muy valorados, bolígrafos que nunca pintaron, cuadernos con el borde amarillito, agendas de 1995 que tuvieron poca salida, prácticos directorios de teléfonos por si, Dios no lo quiera, pierdes los siete mil quinientos contactos del móvil, abrecartas para las facturas y reclamaciones del banco, cuelga bolsos que soportan el peso de medio monedero…

Últimamente están muy de moda las pulseritas de lazo con bellos mensajes cofrades. Tal ha sido su proliferación, que no es de extrañar ver a jartibles con el brazo escayolao hasta el codo de múltiples colores. Aquello parece la vuelta ciclista, un homenaje a los verdiales o lo que es peor, la bandera del orgullo. Y verás tú como en palacio aten cabos la escabechina que pueden llegar a hacer.

En el apartado textil, las camisetas corporativas de los diferentes grupos de la hermandad, son todo un hit. Que se hace un grupo joven, camiseta que te crió con su almibarado nombrecito “tierno tallo a tus plantas María de lo que sea”. Que se crea el submarino, promoción al canto con grito de guerra: “Los glotones del aluminio siempre Bajo tu estructura de jierro y maera”.

Pero qué decir de los objetos de higiene personal ¡qué maravilla! ¿Quién no ha deseado nunca quitarse los pelos de la nariz/ceja ayudado por un espejito con el rostro de su titular? Y qué me dicen de ese momento de recogimiento y meditación que supone cortarse las uñas, con un muy cofrade artefacto decorado ex profeso para ello. Imaginen por un momento: “Año 7587. Un grupo de arqueólogos, desplazados al área MGL-2042 (anteriormente conocida como Mágala la Bombonera), descubre un yacimiento de valiosísimos objetos que expliquen los usos y costumbres del ser humano en la etapa preapocalíptica pabloiglesiana. Tras remover cinco metros de tierra, descubren lo que parece ser un estuche donde puede leerse “150 años del desembarco de la legión en PTV. Versión extendida comentada con mucho pellizquito chapiri en mano por PLG” y un cortaúñas con la cara de un señor vestido de blanco que parece que anda” ¿Qué clase de imagen vamos a dar a las futuras generaciones? ¿Qué va a ser lo siguiente?¿Un nazareno de croché de bajo ancho para meter el rollo de papel higiénico?

Luego nos extrañamos si los de Podemos quieren prohibir la Semana Santa…si es que nos lo estamos ganando a pulso.

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.Gracias por su visita. SMCE

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