Los cofrades "inmovilistas".


Detalle de un músico de la Banda de "Los Coloraos".

Empiezo con palabras tan oídas como..."de toda la vida ha sido así..", "En Daimiel no pega eso..,etc.

El inmovilismo cofrade, entendido como la obligatoriedad de dejarlo todo como está porque así se viene haciendo por tradición, es un concepto que cada día hace más daño a nuestras hermandades. Las coarta, las limita y las priva del ímpetu que les regalan algunas almas frescas que inundan sus apolilladas estructuras y que acaban siendo consumidas por el carácter tradicionalista que las configura. No es una ofensa, que nadie lo entienda así. Me confieso, porque lo sabéis, como un enamorado de nuestras cofradías, de sus imágenes, de su historia, de sus gentes, pero no puedo llegar a concebir que un grupo humano, con tantísimas posibilidades como tienen las juntas directivas o los hermanos en general, se conforme con lo que tiene a su alrededor (que no es poco) y no haga nacer en sí la valentía de querer seguir mejorando las cosas, sólo y exclusivamente, y eso que quede bastante claro, por lo que debe ser el bien de la hermandad, nunca por alcanzar metas personales.

Considero que hay varios factores que pueden llevar a ello. Y con esto tampoco quiero decir que sea un ‘mal’ que afecte a nuestras cofradías, aunque sí a muchos cofrades miembros de nuestras Hermandades. Entre la causas (cada uno que se analice) me resisto a omitir la del miedo al qué dirán.

 Es cierto que los miembros de las hermandades no actúan por ellos mismos sino en el nombre de la institución a la que representan, pero no debemos olvidar que cruzarse de brazos por el revuelo que pueda provocar en la opinión pública una decisión es un acto mucho más grave (por omisión) que actuar y equivocarse. Son personas, somos personas, y por ello se presupone, se entiende y se acepta la posibilidad de errar. Fallar por valentía, pero nunca por dejar las cosas como están.

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